En la vuelta a clases, la literatura infantil y juvenil fomenta empatía, pensamiento crítico y ciudadanía, ampliando la mirada de los niños.
Con la llegada de la vuelta a clases, las escuelas de todo el país retoman sus actividades y renuevan el compromiso con la formación integral de la niñez. Más allá de los contenidos curriculares, el espacio escolar es clave para el desarrollo emocional, social y ético, y la literatura infantil y juvenil ocupa un lugar central en este proceso.
La lectura desde la infancia fortalece el pensamiento crítico, la empatía y la capacidad de diálogo. Estas habilidades resultan fundamentales para la construcción de la ciudadanía y para ampliar la mirada de los niños sobre el mundo que los rodea. A través de las historias, amplían su repertorio cultural, aprenden a manejar emociones, reconocen diferencias y comprenden mejor la realidad.
Para la escritora Isa Colli, autora de más de 50 libros para niños y jóvenes y referente en el área, incentivar la lectura en la escuela es una inversión directa en el futuro de la sociedad.
“La literatura infantil y juvenil ayuda a formar lectores más sensibles, críticos y conscientes. En la escuela, el libro se convierte en una herramienta poderosa para trabajar valores como respeto, empatía, diversidad y responsabilidad social”, afirma Isa Colli.
El contacto frecuente con obras literarias en el entorno escolar también estimula la creatividad y la imaginación, y favorece el aprendizaje en diferentes áreas del conocimiento. Cuando la lectura se presenta de manera accesible y placentera, fortalece el vínculo de los niños con el saber y aumenta su interés por aprender.
Además, la literatura infantil y juvenil permite abordar temas complejos, como la convivencia, las desigualdades sociales, las emociones y los desafíos cotidianos, de una forma sensible y adecuada a cada franja etaria. Así, contribuye al desarrollo emocional de los estudiantes y a relaciones más respetuosas en la escuela.
“La escuela tiene un papel fundamental en la formación del lector. Cuando el niño se reconoce en las historias y percibe que el libro dialoga con su realidad, empieza a verse como parte activa de la sociedad”, destaca la autora.
En el contexto de la vuelta a clases, educadores e instituciones educativas están invitados a reforzar proyectos de lectura, clubes de libro y actividades literarias que estimulen la participación de los alumnos. La presencia de la literatura en el día a día escolar no solo mejora el rendimiento académico, sino que también contribuye a formar ciudadanos más preparados para vivir en comunidad.

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