Para grupos vulnerables, la música se ha demostrado como una herramienta poderosa de inclusión social. Cursos gratuitos para inmigrantes y clases adaptadas para personas con discapacidad abren caminos para el desarrollo cognitivo, emocional y colectivo de poblaciones históricamente marginadas.
Proyectos como Musicou y el Conservatório de Tatuí, gestionado por Sustenidos, muestran resultados concretos al transformar vidas mediante el arte. Grupos vulnerables — refugiados, residentes de periferias, personas con discapacidad y jóvenes en programas socioeducativos — encuentran en la música oportunidades reales de cambio personal y social.
Estudios de la USP indican que, en contextos de escasez, la música ofrece a niños y jóvenes un espacio de pertenencia, representación y desarrollo de talentos. Las presentaciones musicales también promueven valores como empatía y respeto a las diferencias.
Según Gerson Tomanari, profesor de Psicología de la USP, “los diversos efectos de la música impactan a las personas individualmente y a los grupos sociales a los que pertenecen”, destacando la relación entre música, cognición, emociones e identidad social.
En Musicou, iniciativa de Sustenidos presente en cuatro regiones, el programa fomenta el desarrollo humano y la formación ciudadana, atendiendo a grupos históricamente excluidos en colaboración con instituciones como APAE y CREAS. En Andirá y Porecatu (PR), 30 personas con discapacidad intelectual participan de las clases; en Santa Mariana (PR), niños en situación de extrema vulnerabilidad son referidos por el Ministerio Público; en Arinos (MG), el proyecto atiende a niños de albergues. En São Paulo, Musicou FUNSAI acoge a estudiantes refugiados y niños autistas.
“Él tiene dificultades para hablar, pero insiste en las clases de canto. La música lo hace sentirse incluido en un ambiente acogedor y diverso”, relata Ana Moreno, madre de Rafael, alumno con síndrome de Down en Musicou FUNSAI.
En el Conservatório de Tatuí, la inclusión se realiza a través de la notación musical en Braille, curso gratuito de dos años que enseña lectura y escritura de partituras, con apoyo en clases de canto, teoría e instrumento. “Actualmente, cinco alumnos ciegos, de entre 8 y 12 años, asisten a las clases con total autonomía gracias a tecnologías asistivas y materiales pedagógicos adaptados”, explica la profesora Karla Cremonez.

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