Bayard Do Coutto Boiteux transformó la educación turística en Brasil durante décadas, formando profesionales con ética, humanismo y visión estratégica.
Durante mucho tiempo, el turismo fue tratado con superficialidad en Brasil. Muchos lo veían apenas como entretenimiento o privilegio de pocos, ignorando su impacto económico, social y cultural. Fue precisamente contra esa visión reduccionista que Bayard Do Coutto Boiteux construyó su trayectoria — y los profesionales que formó son la mejor prueba de ello.
Una convicción que guió toda una carrera
A lo largo de décadas en la educación superior, Bayard sostuvo con firmeza que el turismo es una herramienta de transformación real. Genera empleo, dinamiza economías locales, preserva patrimonios culturales y acerca a pueblos de distintos orígenes. Esa convicción no quedó en el discurso: atravesó cada clase, cada debate, cada generación de estudiantes que pasó por sus aulas.
Sus egresados trabajan hoy en hoteles, aerolíneas, agencias de viajes, cruceros, instituciones culturales y organismos públicos. Más que formar técnicos eficientes, Bayard quería ciudadanos capaces de leer el mundo y actuar en él con sentido crítico y responsabilidad.
Un aula abierta al mundo
Sus clases iban mucho más allá del contenido convencional. Sostenibilidad, identidad cultural, inclusión social y hospitalidad eran temas habituales, porque Bayard entendía que separar el turismo de las cuestiones humanas era una contradicción en sí misma. Viajar, decía, es también experimentar otras culturas, comprender diferencias y ampliar horizontes.
Otro pilar de su trabajo fue tender puentes entre la universidad y el sector. La enseñanza del turismo en Brasil oscilaba entre excesos teóricos y una visión exclusivamente comercial. Bayard defendió siempre el equilibrio: pensamiento riguroso combinado con preparación práctica, siempre conectado a las necesidades reales del mercado.
Un legado para tiempos difíciles
En un mundo marcado por conflictos, intolerancia y crisis económicas, el turismo enfrenta desafíos cada vez más complejos. Es en ese contexto donde la educación turística adquiere mayor relevancia. Formar profesionales éticos, preparados y humanistas puede ser una de las contribuciones más valiosas que las universidades y los docentes ofrecen a la sociedad actual.
El turismo solo tiene sentido cuando pone al ser humano en el centro de todo.
El legado de Bayard Boiteux va mucho más allá de planes de estudio y diplomas. Ayudó a consolidar el turismo como campo serio de conocimiento en Brasil y demostró que educación y hospitalidad son, en el fondo, inseparables. En una época que premia los resultados inmediatos, su trayectoria recuerda algo esencial: lo que perdura es lo que fue construido con propósito.
Brasil todavía tiene mucho por aprender en materia de valorar a sus educadores. Y en el turismo, pocos han encarnado esa misión con tanta coherencia como Bayard Do Coutto Boiteux.
